viernes, 21 de abril de 2017

El inevitable circulo de la vida

En Cien años de soledad Ursula Iguaran siempre tenía la terrible sensación de que la vida andaba en círculos, creo que por fin logró comprender a lo que se refería. 

La primera vez que leí un blog fue en 2008, y lo recuerdo porque por aquella época estaba igual de desempleada que lo que estoy hoy; recuerdo que por casualidad di con un blog que se llama 'Con senos y con sesos' y comencé a leer cada uno de sus post, adoraba la manera divertida y fluida como la chica que lo escribía abordaba las situaciones cotidianas de su vida, a tal punto que fue casi como leer un libro y en cuestión de una semana termine leyendo casi todas (si no fueron todas) sus entradas. Entonces le mostré a un amigo lo que para mi había sido un gran descubrimiento, y él me alentó a crear mi propio blog, fue así como nació la vie en rose. 

Con una ortografía desastrosa (nunca, a pesar de leer mucho tuve buena ortografía, sobretodo con las tildes me va mal, o quizás solo era que antes no le prestaba tanta atención, ahora intento hacerlo, aunque me sigo equivocando) y una técnica que quizás avergonzaría a cualquier escritor, porque lo cierto es que nunca tuve tanto talento como hubiera querido, comencé a escribir aquellos cuentos que tenía vagando por mi mente, aquellas historias que navegaban dentro mío, las comencé a sacar a la luz. Luego se vinieron los post personales, esos en los que trataba de decirle al mundo los sentimientos que me llenaban y los cuales si no sacaba de alguna manera iban a terminar por ahogarme, esos post donde de alguna forma infantil y mal hecha me le desnudaba al mundo.

No lo voy a negar, mi blog llego a ser uno de mis hobbies más amados y mi terapia más perfecta. Tampoco voy a negar que me hubiera gustado mejorar con el tiempo, que me hubiera gustado aprender a narrar las historias de una forma fluida y divertida, porque no es la historia que se cuenta, sino como se cuenta; pero aunque no mejoré, aunque no era buena, siempre había soñado con escribir, y la vie en rose era mi ventana abierta a esto, aunque lo hiciera mal. Tanto que el 2009 que fue el año en que más escribí, lograba al menos 1.7 veces por semana producir algo. Bueno, malo, brillante o desastroso escribía. Sin embargo el 2008 también fue el año en que me fui a vivir a la quinta porra, precisamente cansada de buscar y no encontrar trabajo en la ciudad. La necesidad tiene cara de perro dicen por ahí, y para mi esa necesidad implico irme y dejar todo lo que amaba para empezar de cero en un lugar que no conocía, y fue precisamente cuando regrese que comenzó el decline de mi blog y que dejé de escribir, pero esa es historia de otro costal.

Por aquel entonces cuando comencé con el blog no tenía nada más que hacer, la desidia del desempleo me estaba volviendo loca, y la falta de dinero que lograba tal magnitud, que incluso comprarle un bombón a mi hijo fuera un lujo, solo lograban hacer un hueco enorme en mi alma. El desempleo de aquella época, me llevo a refugiarme en la literatura, en leer blogs y en comenzar uno. Hoy en el 2017 casi 10 años después regreso al mismo punto de donde partí. Acá estoy, a las 7 de la mañana, desempleada, tratando de contextualizar mis ideas y llevarlas a un punto que alguien logré comprender, porque realmente y aunque no lo parezca, esta será la parte más emocionante de mi día.

En aquella época tenía 27 años, una edad que si bien no era la de una adolescente, si me hacía sentir que aún tenía posibilidades infinitas por delante y que quizás aún existía la posibilidad de conquistar el mundo. Hoy tengo 33, y la verdad las perspectivas se han reducido, porque probablemente ya no conquiste el mundo y porque probablemente las posibilidades de éxito se hayan reducido. Además, esta esta terrible pregunta que me hago a diario, de si la cagué, de si tome la decisión correcta o de si me equivoqué al tomar el camino que decidí seguir, eso no lo sentía en el 2008, además por aquel entonces tenía la certeza de que alguien me iba a contratar... hoy, no lo sé.

El desempleo, es lo más similar que hay a la tristeza, o la tristeza es un efecto colateral pero inevitable del desempleo, no lo sé, lo que si sé, es que durante estos, ya 5 meses, he tratado de hacer cuanta cosa es posible...he leído, he visto series completas, he visto más fútbol del que nunca había visto (excepto por los mundiales que me los veo todos), me he negado a salir con gente (muchas personas no creen que decir "no tengo plata" incluye "no tengo pasajes), he tratado de aprender modelos estadísticos complejos para hacer minería de datos y de textos, me he metido a cursos de cosas que ni sé si me gustaban, he vuelto a leer, me metí a un curso de literatura, he dibujado, he pensado en ir a los clubes de revista, me metí a tinder, me volví a ver todas las temporadas de friends, he mandado al menos dos hojas de vida a diario, he visto más películas de las que veo normalmente, me he vuelto un poquito loca, me he alejado del mundo, he regresado a las redes sociales, he descubierto que me gusta estar sola, etc. Incluso ahora quiero resolver el álgebra de baldor, que aunque no lo crean, es una de las mejores terapias que existen para la tristeza.

Pero no me malinterpreten; estar desempleada me hace sentir desesperada en algunos ámbitos de mi vida como lo son el profesional, el monetario y el de estar activa y funcional, pero en otros me hace sentir terriblemente bien; y digo terriblemente porque me da miedo acostumbrarme. Estar desempleada me permite estar más tiempo con mi familia, algo que amo, me permite estar en soledad, algo que disfruto más de lo que creí, me permite tener tiempo ilimitado para leer, que es una de mis mayores aficiones, puedo gastarme el día aprendiendo aquellas cosas que deseo, y puedo dormir, dormir y dormir, aún así, preferiría encontrar un equilibrio entre el desempleo y el empleo.

Sin embargo, cada día de estos 5 meses he pensado en la vie en rose, en ese pequeño espacio que ya nadie lee, que ya nadie conoce, que ya nadie ve, ese pequeño rincón intimo, donde saco los sentimientos que amenazan con ahogarme si no los dejo salir, pero al cual en el inevitable circulo que es la vida, al cual casi diez años después, y en la misma situación del principio, siempre pienso en regresar.


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