martes, 15 de noviembre de 2016

Uno 69 días 29 historias

Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte, y hay quienes lo conocen desde el momento de nacer, así fue para Andrés y para Carlos. 

El 25 de Junio de 1983 a las 8:30 de la noche nacía Andrés, debido a lo complicado del parto una hora exacta después a las 9:30 llegaba Carlos. Desde ese preciso instante todos dijeron que eran como dos gotas de agua, imposibles de diferenciar.

Yo no los conocí hasta 5 años después cuando sus padres regresaron al país y los enviaron de vacaciones a la casa de la abuela, yo también estaba allí por aquella temporada y la verdad es que nunca había visto un par de gemelos, lo cual me causó tanta curiosidad que terminé persiguiéndolos a todas partes cada segundo del día y no tuvo que pasar mucho tiempo para darme cuenta que Andrés era un maldito bastardo, a mis 4 años no conocía aquellas palabras pero sí la sensación.

No creo que exista una palabra exacta para describir lo que era aquel chico, o al menos no la conozco, pero había algo en él que me producía un profundo temor, tenía una mirada que te congelaba y su sonrisa era como un mal augurio. Fue entonces que tomó la costumbre de “torturarme”; yo era su única prima y además era la menor, así que con cada oportunidad me pegaba, me insultaba y tomaba mis juguetes para destruirlos y siempre, sin excepción, me decía que si lo acusaba se pondría peor; Carlos siempre observo en silencio, nunca dijo nada...nunca, hasta aquel día. 

Era una linda tarde, aún recuerdo sentir el aire como menta en mi cara y el color verde y dorado que rodeaba todo. Yo estaba jugando con mis muñecas en el patio trasero cuando llegó Andrés y me dijo que se quería disculpar, que me iba a mostrar algo bonito, y yo, con la inocencia de una niña de 4 años lo seguí. Cerca había un bosque, no tuvimos que caminar mucho para darme cuenta de lo que me tenía preparado, había tomado preso un pequeño animal, y pensaba obligarme a ver cómo lo torturaba, yo comencé a llorar y a suplicarle que no lo hiciera, pero él ni me escuchaba… cuando estaba a punto de comenzar su “juego” con su sonrisa mezquina y sus ojos vacíos Carlos le grito que nos dejara en paz. No dijo una palabra más, no se movió de su lugar, no sé por qué lo hizo, pero con eso fue suficiente para obligar a Andrés a dejarnos, desde aquel día jamás me volvió a molestar y Carlos y yo nos volvimos inseparables dejándole a Andrés al olvido. 

Luego crecimos, Carlos estudiando derecho, yo diseño y Andrés se convirtió en un matón. “Tan parecidos por fuera pero tan distintos por dentro” decían ahora todos, y sin embargo seguían siendo imposibles de diferenciar. Tanto que el 5 de junio a las 10:30 pm un matón que iba por Andrés asesinó a Carlos. 

Minutos después a las 10:35 de la noche sonaba el teléfono y mi madre contestaba para luego soltarme entre lágrimas que acababan de matar a mi primo, a lo que yo solo atinaba a contestar: 
—¿Andrés? — 
—No. A Carlos, lo confundieron. 

Aún recuerdo esas palabras haciendo eco en mi mente, ese Nombre que ahora suena tan lejano y el reloj digital que con letras rojas como la sangre dictaminaba la hora. 

Aquella noche lloré tanto como nunca lo había hecho en mi vida, y odie más que nunca a Andrés, hubiera dado todo por yo misma ir y asesinarlo; sin embargo, con el tiempo entendí que solo había sido un chico que se había quedado solo demasiado pronto y a quien nunca nadie había querido salvar. Y era en esto que estaba pensando precisamente un año después en el aniversario de la muerte de Carlos, cuando a las 11:29 de la noche sonó mi teléfono y por alguna razón solo pude mirar el reloj.
—¿Aló? —contesté. 
—1 hora, 1 año…Una mujer, uno fue el número que nos separó…tú me lo quitaste Y entonces escuché el tiro al otro lado mientras el reloj marcaba con números grandes y del color de la sangre las 11:30 del 5 de Junio, aniversario de la muerte de Carlos y de su doble, Andrés. 

0 comentarios:

 

La vie en rose Template by Ipietoon Cute Blog Design and Homestay Bukit Gambang