miércoles, 30 de noviembre de 2016

El esplendor de la nostalgia 69 días 20 historias

La nostalgia comenzó a convertirse en esplendor. La cercanía del final la regreso a los días mas gloriosos donde el mundo parecía bañado en un brillante y maravilloso color dorado. 

La nostalgia convertida en esplendor hizo su magia, y como en un cuento de hadas logró que la belleza perdida del tiempo pasado regresará con más ímpetu que nunca, el final cercano y certero le había dado a su mirada un nuevo filtro más parecido a la perdida que a la felicidad de un nuevo inicio.

Ella observó todo tratando de grabarlo en su memoria, tomó grandes bocanadas de aire tratando de guardar en su pulmones aquel lugar y contrario a la necesidad de partir que sentía días antes, sintió la necesidad de quedarse, pero el futuro la esperaba, así que con ojos vidrioso dijo finalmente...Adiós.

martes, 29 de noviembre de 2016

El cisne negro 69 días 21 historias



El cisne negro, raro, impactante y triste sobrevoló la aeronave. Dentro todo parecía una fiesta, afuera el ave disfrazada de parca cantó melodiosa el final. 

El frío helaba los huesos, sin embargo, por un instante, solo por uno todo fue felicidad. Iban por el sueño de sus vidas pero entonces la alta improbabilidad golpeó el cielo en forma de ave negra y los 76 fueron a dormir con aquel cisne, del cual luego en retrospectiva, dijeron, se podía explicar...incluso evitar.


Pd: Los cisnes negros son una teoría que habla sobre sucesos altamente improbables pero con un alto impacto, se deben cumplir 3 características: que sean muy raros (una alta improbabilidad), que tengan un impacto extremo y que luego se miren en retrospectiva... 

No hay palabras para describir lo doloroso que es este suceso que enluta a latinoamericano, un avión con un equipo de fútbol completo y sus tripulantes se estrellaron mientras venían hacia Medellín a jugar el torneo de sus vidas, montones de sueños y vidas que se apagaron en un instante... fuerza para sus familias.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Cita a ciegas 69 días 22 historias

Mi obsesión por las mariposas quizás haya iniciado en el patio de mi abuela. Siempre solía haber montones de alas de colores volando por ahí; a veces te dejaban alcanzarlas e incluso se te posaban encima. Otras veces huían despavoridas como si llevaras su fin contigo. 

 Fue en aquel mismo patio que aprendí de la forma más dolorosa que si tocas las alas de una mariposa la matas, que tienen una lengua diferente y especial y que no pueden volar si no hay sol. También aprendí, y creo que esta fue de mis cosas favoritas, que en francés se les dice Papillon, que su vida es corta y que hay algunas que incluso la gastan volando montones de kilómetros para encontrar “el amor”. 

 Creo que aprendí muchas más cosas de ellas en aquel lugar que en ninguna otra parte, incluso algunas que eran más parecidas a leyendas urbanas que a algo real. Que si una mariposa negra entraba en tu casa era de mal augurio, que si la otra entraba le miraras el "número" en sus alas y lo jugaras en la lotería incluso algunas que decían algo de llevarte al amor y cantidad de cosas más que he olvidado, pero si recuerdo lo más importante. Recuerdo que cada vez que una mariposa se posaba sobre mí, quizás por mi fe en ellas o por la magia que le imprimía una niña de 8 años, siempre ocurrió algo genial. 

 Así que está mañana cuando al salir de mi casa una mariposa azul y naranja se posó sobre mí me embargó la emoción, y el resto del día he estado esperando lo muy bueno que iba a suceder, pero nada ha ocurrido. Al menos no hasta que mientras estaba en aquella cita a ciegas a la que me obligo a ir mi madre, una mariposa azul y naranja, juro que la misma, ha logrado evadir la ventana y no sé cómo se ha metido hasta nuestra mesa, y como un augurio de esos que me contaban cuando chica, se ha posado sobre los hombros de él. 

jueves, 24 de noviembre de 2016

El vaivén del olvido 69 días 23 historias

El mar de las ideas poco a poco se había secado, navegar en él era cada vez más difícil debido a las aguas poco profundas y de poca calidad. El olvido al que lo habían sometido muchos lo había obligado a menguar. Aún así para aquellos navegantes que continuaban surcándolo, el mar agradecido con ellos por no haberlo condenado al abandono volvía a ser basto.

El mar de las ideas menguaba y crecía al vaivén del olvido.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

La estrella 69 días 24 historias

Los pasos se escuchan cada vez más cerca y dan la sensación de urgencia. Mientras tanto yo observo la enorme estrella que cuelga sobre mí. Me recuerda otra estrella, la de Marcos y Camacho, la que construyeron una Navidad con el dinero recolectado en cada una de las casas de los vecinos. Todos orgullosos dieron su pequeño aporte y al final la cuadra fue la más bonita del barrio. Marcos y Camacho compraron la madera, las extensiones y los bombillos, y manos a la obra construyeron todo el alumbrado navideño de la cuadra, había un pesebre, pero mi favorita siempre fue la estrella. 

Los pasos ahora están demasiado cerca y van acompañados de murmullos, creo que alguien grita pero no quiero pensar en eso; quiero pensar en la estrella, en esa Navidad donde me tiraba calle abajo en mis patines y estiraba mis brazos como si solo estuviera tomando impulso para volar y alzaba mi rostro de cara hacía el cielo y veía las luces de colores pasar sobre mí. Esa Navidad donde aún era libre, donde realmente volaba en aquellos patines en esa loma que me parecía tan inclinada pero que realmente no lo es. Esa Navidad donde el punto de partida siempre fue la estrella...¡Fue un tiro!... grita alguien mientras yo logró recordar el momento exacto en que sentí como se quemaba mi corazón.

Ni siquiera sé cómo estoy vivo aún, pero sé que no voy a sobrevivir...y bueno...no importa; creo que de todas las maneras en que pude morir, hacerlo bajo una estrella de navidad es una de las mejores, porque entonces estiro mis brazos y estoy en unos patines en una calle inclinada, mi madre me llama al fondo pero yo observo la estrella, y comienzo a volar.

martes, 22 de noviembre de 2016

Déjà vu 69 días 25 historias

No es la primera vez que la veo, antes he estado aquí. Lo sé porque puedo sentir el frío de la aldaba incluso antes de tocarla. Es una gran puerta roja con forma de arco que se divide en dos. La de la izquierda tiene en ella la cabeza de León que hace las veces de aldaba y la cual siempre parece a punto de morderte, la de la derecha tiene una pequeña ventanilla por la que tengo la certeza de que luego de sentir los fríos dientes del león en mis dedos, y de hacerlos que resuenen contra la madera de la puerta alguien se asomará. Al lado de la puerta hay algo que me agrada, está rodeada de verdes enredaderas las cuales tienen pequeñas flores azules que contrastan con los colores que hay a su alrededor, creo que son mis flores favoritas pero no recuerdo su nombre, no sé porque solo logró recordar su color, aun así me gusta el conjunto y pienso que quizás adentro hay algo mucho mejor, así que me decido y toco los dientes del león.

No me he equivocado, una anciana se ha asomado, o eso creo, no sé si es una anciana a decir verdad, porque luego ha dejado entreabierto y mientras yo entraba ella se ha ido caminando por el corredor, no voltea a verme, yo solo veo la espalda de su túnica color borgoña. Este corredor me da miedo es largo y algo oscuro, aunque miro los azulejos del suelo que son amarillos y color vino, me gustan.

Pienso que esto es un sueño porque tiene cierta neblina y aire frío que me dan esa sensación… ¿o no es sueño? ¿Acaso que hago aquí? Este lugar me da miedo y al mismo tiempo me gusta, pero no debo perderme en banalidades, tengo ganas de llegar al final, de alcanzar a la anciana, así que apuro mi paso pero mientras más corro, los pasos parecen volverse infinitesimales…por fin me acerco a ella pero entonces me embarga la duda, creo que no quiero alcanzarla… No, no quiero…es demasiado tarde, está girando hacía mí, aún no veo su rostro, pero reconozco su hoz un segundo antes de…


Abro los ojos, no es la primera vez que la veo, antes he estado aquí, creo que es un déjà vu. Lo sé porque puedo sentir el frío congelante de la aldaba incluso antes de tocarla. Es una gran puerta Azul…

lunes, 21 de noviembre de 2016

Engaño 69 días 26 historias

Al principio confesar no era una opción, decirle que la había engañado en un momento de flaqueza no era lo que deseaba, no quería decirle que después se había sentido como la mierda y que no sabía cómo solucionarlo, sin embargo se lo dijo, lo confesó todo, no podría engañarla dos veces. Ella como era de esperarse comenzó a llorar a mares, incluso tomo las cosas que se le cruzaban y comenzó a lanzárselas, hasta le lanzo una piedra en forma de corazón que una vez habían encontrado juntos a la orilla del lago, ella le gritó, le dijo que nunca lo perdonaría y el la abrazó. Como si eso pudiera evitar que el amor de su vida se le escapara de los brazos deshaciéndose en el humo del engaño.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Un día de ... 69 días 26 historias

El día había sido una completa mierda. Primero los del clima habían anunciado un día soleado, y para ser justos nadie hubiera podido predecir lo contrario, hacía más de un mes que no llovía y el cielo estaba tan azul que parecía que las nubes se hubieran extinto. Sin embargo no habían pasado ni diez minutos de haber salido de su casa cuando pareció que había comenzado el diluvio universal. Obviamente no llevaba  paraguas.

Trato de escampar bajo el toldo de una tienda, pero llevaba tanta prisa que tuvo que pagarle a una pequeña dominada por la avaricia, que por si acaso si había llevado paraguas, el triple de lo que costaba para que por favor le vendiera el suyo. Luego había tenido una batalla campal con otra chica por un taxi y después de haberla ganado y de haber logrado al fin llegar casi a tiempo a su cita espero más de 15 minutos antes de caer en cuenta que no era aquel día sino a la semana siguiente.


El regreso a su casa no había sido menos espectacular, sobre todo porque al llegar a su edificio, con un resplandeciente sol ahora sí, el ascensor se había quedado atorado. Sin embargo y podrías decir que quizás acá su fortuna había cambiado, no se había quedado allí sola, también estaba el chico guapo del lugar. Al principio ambos rieron cómplices del momento, llamarón por el intercomunicador y les dijeron que no se tardaban en ayudarlos, de eso hacía más de media hora, en la cual el silencio incomodo había llenado el lugar y durante la cual también ella había estado pensando que podría decir sin arruinarlo todo. Cuando por fin estaba lista para decir la palabras mágicas, el ascensor se abrió con un «disculpen la demora» que veía del otro lado y él se levantó, tendiéndole  la mano para ayudarla a levantar y se fue diciendo que había sido un gusto conocerla, ella por su parte siguió hacía su casa. Al parecer el día no había dejado de ser una completa mierda. Necesitaba darse una larga lucha.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Meteorología 69 días 27 historias

Para Juan, la idea de Sofía era como el Sol. Quemaba. Sofía era para él como el clima; completamente impredecible.

A veces era como un día de hierbabuena, fresco, agradable y con matices dorados; otros, era como cuando el cielo se tornaba color sepia, parecido a una fotografía muy antigua a la cual el tiempo se le había “comido” las partes más importantes y otros, quemaba. Despacito, sin que te dieras cuenta, te dejaba sentirte cómodo con su luz y luego estabas como un camarón. Además estaba su mirada que era como el mar, azul, profunda y misteriosa.


Para Juan, la idea de Sofía era su propio estudio meteorológico. Era su vecina, la que todos los días al salir por la puerta del edificio le decía buenos días imprimiéndole todas  sus emociones buenas, frescas y malas. Era a quien no podía dejar de mirar ni de perderse en su mirada y la que determinaba si el día de Juan estaría lleno de precipitaciones o si por el contrario se quemaría con sol.



miércoles, 16 de noviembre de 2016

Cielo 69 días 28 historias

Abrió los ojos y observó las ballenas surcando el cielo, eran grandes, azules y saltaban con tal agilidad que incluso podría decirse que los malabaristas las envidiaban; al lado de las ballenas había también peces y caballitos de mar de los cuales, como se sabía, eran los machos quienes tenían las crías. También un par de focas surcando aquel lugar, un pulpo que se escondía y creía ver un tiburón.

Aquel cielo la embelesaba, y estaba en eso cuando su madre trato de apartarla del cristal. Es hora de irnos, le dijo, déjame mamá, respondió la niña, estoy mirando el cielo; pero ese no es el cielo hija, es el mar…No mamá te equivocas, respondió la pequeña, cada uno tiene su cielo, y el mío es este.

martes, 15 de noviembre de 2016

Uno 69 días 29 historias

Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte, y hay quienes lo conocen desde el momento de nacer, así fue para Andrés y para Carlos. 

El 25 de Junio de 1983 a las 8:30 de la noche nacía Andrés, debido a lo complicado del parto una hora exacta después a las 9:30 llegaba Carlos. Desde ese preciso instante todos dijeron que eran como dos gotas de agua, imposibles de diferenciar.

Yo no los conocí hasta 5 años después cuando sus padres regresaron al país y los enviaron de vacaciones a la casa de la abuela, yo también estaba allí por aquella temporada y la verdad es que nunca había visto un par de gemelos, lo cual me causó tanta curiosidad que terminé persiguiéndolos a todas partes cada segundo del día y no tuvo que pasar mucho tiempo para darme cuenta que Andrés era un maldito bastardo, a mis 4 años no conocía aquellas palabras pero sí la sensación.

No creo que exista una palabra exacta para describir lo que era aquel chico, o al menos no la conozco, pero había algo en él que me producía un profundo temor, tenía una mirada que te congelaba y su sonrisa era como un mal augurio. Fue entonces que tomó la costumbre de “torturarme”; yo era su única prima y además era la menor, así que con cada oportunidad me pegaba, me insultaba y tomaba mis juguetes para destruirlos y siempre, sin excepción, me decía que si lo acusaba se pondría peor; Carlos siempre observo en silencio, nunca dijo nada...nunca, hasta aquel día. 

Era una linda tarde, aún recuerdo sentir el aire como menta en mi cara y el color verde y dorado que rodeaba todo. Yo estaba jugando con mis muñecas en el patio trasero cuando llegó Andrés y me dijo que se quería disculpar, que me iba a mostrar algo bonito, y yo, con la inocencia de una niña de 4 años lo seguí. Cerca había un bosque, no tuvimos que caminar mucho para darme cuenta de lo que me tenía preparado, había tomado preso un pequeño animal, y pensaba obligarme a ver cómo lo torturaba, yo comencé a llorar y a suplicarle que no lo hiciera, pero él ni me escuchaba… cuando estaba a punto de comenzar su “juego” con su sonrisa mezquina y sus ojos vacíos Carlos le grito que nos dejara en paz. No dijo una palabra más, no se movió de su lugar, no sé por qué lo hizo, pero con eso fue suficiente para obligar a Andrés a dejarnos, desde aquel día jamás me volvió a molestar y Carlos y yo nos volvimos inseparables dejándole a Andrés al olvido. 

Luego crecimos, Carlos estudiando derecho, yo diseño y Andrés se convirtió en un matón. “Tan parecidos por fuera pero tan distintos por dentro” decían ahora todos, y sin embargo seguían siendo imposibles de diferenciar. Tanto que el 5 de junio a las 10:30 pm un matón que iba por Andrés asesinó a Carlos. 

Minutos después a las 10:35 de la noche sonaba el teléfono y mi madre contestaba para luego soltarme entre lágrimas que acababan de matar a mi primo, a lo que yo solo atinaba a contestar: 
—¿Andrés? — 
—No. A Carlos, lo confundieron. 

Aún recuerdo esas palabras haciendo eco en mi mente, ese Nombre que ahora suena tan lejano y el reloj digital que con letras rojas como la sangre dictaminaba la hora. 

Aquella noche lloré tanto como nunca lo había hecho en mi vida, y odie más que nunca a Andrés, hubiera dado todo por yo misma ir y asesinarlo; sin embargo, con el tiempo entendí que solo había sido un chico que se había quedado solo demasiado pronto y a quien nunca nadie había querido salvar. Y era en esto que estaba pensando precisamente un año después en el aniversario de la muerte de Carlos, cuando a las 11:29 de la noche sonó mi teléfono y por alguna razón solo pude mirar el reloj.
—¿Aló? —contesté. 
—1 hora, 1 año…Una mujer, uno fue el número que nos separó…tú me lo quitaste Y entonces escuché el tiro al otro lado mientras el reloj marcaba con números grandes y del color de la sangre las 11:30 del 5 de Junio, aniversario de la muerte de Carlos y de su doble, Andrés. 

viernes, 11 de noviembre de 2016

Dicen 69 días 30 historias

Dicen que el papel puede con todo; yo escribo historias esperando que aunque sea un papel pueda con nosotros dos.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Lo que nunca había soñado 69 días 31 historias

Y pensar que todo había comenzado como una cita a ciegas, que la idea de salir con alguien era lo que menos lo atraía y que solo había salido en aquella cita por una apuesta pérdida con su mejor amiga, «te va a gustar, lo sé», le había dicho. Pero al fin y al cabo eso decían  todos siempre que querían meterte en algo que no iba contigo.

Para su sorpresa, su amiga había tenido razón. Había disfrutado enormemente aquella cita. Había sido extraña en sí misma, ella lo había citado en un café cerca de un cementerio, y luego lo había llevado a tomar fotografías en aquel lugar del que luego se había enterado era un sitio histórico de la ciudad, pero el punto es que ¿a quién se le ocurría una primera cita en un cementerio? Solo a ella. Lo que vino luego solo fue una secuencia de sucesos lógicos. Más citas, más risas, más cosas extrañas y no tan extrañas… y poco a poco aquello que llamaban amor.

Lo cierto es que Isabel era muy parecida a lo que nunca había soñado. Si es que alguna vez había tenido una mujer soñada, ella  era todo lo contrario y sobre todo tenía millones de características que no sabía que soñaba. Lo hacía sonreír, lo hacía enojar, lo hacía soñar. Y él se sentía afortunado.
—No hay muchas como tú ¿Verdad?

—No, pero a veces aparecemos en las citas a ciegas —y lo beso, con el desierto delante de ellos mientras observaban la vía láctea.

PD: Este es mi cuento número 100, según uno lo vea es muy poco o mucho

miércoles, 9 de noviembre de 2016

El camino 69 días 32 historias

—El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones —le dije.

—Y dicen que todos los caminos conducen a Roma —dijo el diablo.

viernes, 4 de noviembre de 2016

El trabajo más solitario del Universo 69 días 33 historias

Años enteros disparando el  mismo par de flechas y aún no lograba acostumbrarse a la sensación que venía después. Cada flechazo era una nueva historia en el libro del amor, y cada flecha era un nuevo recordatorio de su soledad. Para cupido, lo que los otros veían como el trabajo más romántico del mundo, era el trabajo más solitario del universo. Una flecha más, un corazón más que se encendía. Una flecha más y una sensación de vacío cada vez más inmensa.

Cupido cada vez más cansado de sentirse excluido, comenzó entonces a disparas flechas impares, así nacía el desamor y cupido se sentía menos solo, más acompañado de aquellos que tampoco lograban dar con el amor. 

“Mal de mucho, consuelo de tontos” decía él cada vez que apuntaba una flecha desigual. 

jueves, 3 de noviembre de 2016

Eco 69 días 34 historias

La falta de letras y palabras hizo eco en su alma, y las ondas tuvieron tanta potencia, que dejo su brillante futuro por delante y comenzó a reconstruirse letra por letra.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

La última oportunidad 69 días 35 historias

Había tratado de tirarse de aquel risco y nadar sin problemas infinidad de veces, la mayoría de estas había estado a punto de sucumbir. Al principio de cada salto había creído salir a flote, había nadado placenteramente por un momento pero luego había sentido como las heladas aguas de aquel mar invadían cada uno de sus poros, se había sentido perdida, varada y vacía; Otras veces también se había visto envuelta en cardúmenes de peces oscuros y siniestros que se habían robado la luz, y también estaba el dolor, el indescriptible dolor de estar metida allí, el dolor de las contracturas de cada musculo que la habían llevado a casi sucumbir en cada intento.

Cada vez había sido diferente, y con cada tirada había perdido algo, incluso en la última lo había perdido casi todo, al punto de haberle tomado terror a nadar allí, al punto de ya no querer saltar, al punto de creer que ya no había nada que salvar o esperar, y al punto de ya no querer ese primer nado que tanto placer le producía y creer que no valía la pena o no existía ya la posibilidad de salir como una sirena imposible de ahogar.


Había olvidado como saltar, había olvidado lo mucho que deseaba la recompensa de aquel lugar, hacía ya mucho tiempo desde su último lanzamiento y sin embargo, sin saber cómo, allí estaba de nuevo, en lo alto del risco mirando aquel mar y dispuesta  a saltar, el tiempo parecía haber abierto una pequeña fisura en su miedo, el tiempo le había dado una gota de valor, y ese valor la había llevado a intentar una vez más saltar hacía al mar del amor, donde ya solo existían dos posibilidades, nadar como sirena o de una vez y por todas, ahogarse, esta era su última oportunidad.

PD: estaba atrasada dos días, pero la verdad me quedó imposible escribir el cuento de cada día, aun así acá estoy de regreso, espero que disfruten este :)
 

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