Loop 69 días 45 historias

by - viernes, octubre 14, 2016

La primera vez que despertó al lado de un chico con el que había soñado casi se infarta. Inmediatamente luego de abrir los ojos salto de la cama y por mero instinto tomo las sabanas para taparse, le pregunto al chico quien era y por si acaso trato de recordar que había hecho la noche anterior. No comprendía que estaba ocurriendo y se pellizcaba cada segundo para asegurarse de que no seguía soñando, incluso tomo al hombre de la mano y fue donde la primera persona que se encontrara en el pasillo a preguntarle si ella también lo veía (era necesario descartar la locura), el chico, bastante guapo, se reía a carcajadas y como si llevaran años enamorados le preguntaba que le sucedía con una dulzura infinita, ella asustada le decía que él era solo un sueño y que no entendía que estaba pasando. Estaba tan asustada  que llamo a su mejor amiga a contarle lo que sucedía y ella como si no la comprendiera, le dijo que no entendía a que se referiría ni le veía el chiste a decir que no conocía a su prometido estando a unos días de su matrimonio. Por su parte el chico que se llamaba Juan le dijo que debía ser parte del estrés por la boda y llamo al trabajo de ambos a decir que no irían para quedarse a cuidarla y que ella descansara además de prometerle que de continuar así al día siguiente irían al médico.

Lo peor de todo es que su vida seguía siendo la misma, nada había cambiado excepto por el pequeño detalle de no recordar a su prometido, así que aquel día fue como si lo conociera por primera vez y buscara esa razón por la cual iban a casar o se habían enamorado, al fin y al cabo solo tenía un par de días para recordarlo antes de la boda. El día transcurrió entre el millón de preguntas que ella le hacía a él y sus risas, para cuando había logrado relajarse y atribuir su falta de memoria al estrés había comenzado a disfrutarlo y le agradaba el hombre que tenía al frente, aunque por instantes sentía que a pesar de todo no era el de su vida, era como un día sacado de un libro, café, palabras y amor.  Al anochecer se fue a dormir con la esperanza de que al despertar todo hubiera terminado, no porque él no le interesará, solo que era una sensación extraña estar al lado de alguien a quien no recordabas.  Sin embargo esa noche soñó nuevamente con otro hombre y para su desesperación al despertar vio que estaba a su lado, no el mismo del día anterior si no el de su sueño, así que esta vez no salto de su cama y solo se limitó a seguir con las mismas acciones del día anterior, que para su sorpresa era la misma fecha, así que se vino un día nuevo de conocer a alguien con quien estaba comprometida, de saber si el café le gustaba claro u oscuro, si sonreía mucho o poco, si sus ojos eran color miel o avellana, su sabor predilecto de helado y una noche en la que no sabía si quería dormir o quedarse allí.


Así pasaron mucho días de una misma fecha con una chico tras otro, hasta que una noche luego de dormirse soñó con él, con el que la hacía no querer despertar, no porque no quisiera despertar, sino porque despertar significaría la llegada de la noche y el final del “sueño”, así que en medio de su sueño le narro su historia, le contó del chico rubio y del moreno, del guapo, del feo, del divertido, del cascarrabias, del que creyó que podría ser su amor y del que se preguntó cómo diablos se habían comprometido, le contó cómo cada amanecer parecía una tortura a pesar de saber que no estaría tan mal y finalmente le dijo que no quería despertar, él que había guardado silencio durante toda la historia le sonrió, la abrazo y solo atinó a decir — yo también te estaba buscando— antes de que sonara el despertador. Al abrir sus ojos allí estaban ambos, y de alguna manera tenían la certeza de que esta vez el calendario continuaría con sus fechas y el transcurso de los días. Al fin todo había encajado.

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