lunes, 26 de septiembre de 2016

Sabor a mar I 69 días - 59 historias

Alicia una romántica declarada a sus 12 años, nunca había ido al mar, su madre una modesta profesora no había tenido la posibilidad de llevarla nunca de viaje; sin embargo a cambio de los viajes físicos le había enseñado a amar la lectura y la había embarcado en mil aventuras más, quizás de allí viniera lo romántico de su alma. Fue en los libros que Alicia aprendió que el mar sabía a lágrimas, que era azul como la tristeza, y que su mayor sueño era conocerlo. Sin embargo este sueño pasó a segundo plano la primera vez que vio a Andrés, el chico nuevo del colegio, el cual tenía unos ojos tan verdes como las esmeraldas y un pelo tan negro como el carbón, lo que llevó a que lo apodaran el gato. 

 Alicia comenzó a soñar con el gato y cómo sería estar con él en el mar y en medio de sus fantasías planeaba primero la manera como lo conquistaría; quizás lo más fácil sería decirle que también era nueva y que se hallaba perdida y así luego de que él la ayudara ella le estaría agradecida y podrían seguir hablando; sin embargo, era un mal plan, ya que el resto del colegio sabía que no era nueva y por lo tanto quedaría como una mentirosa. Poco a poco diseño planes y planes pero los desecho todos llegando a la conclusión de que la única forma correcta de hacerlo sería plantarle cara y decirle simplemente «...hola, mi nombre es Alicia...» el resto se lo ingenieria después. 

El día siguiente corazón palpitando partió hacia el colegio dispuesta a ver al gato y presentarse con él. Contó cada paso desde su casa al colegio y descubrió que habían sido más pasos que lo habitual, al final logró llegar y lo vio. Su estómago quiso devolver el desayuno pero pudo contenerse y sus manos trataron de sudar pero lo atribuyó a la carrera y comenzó a avanzar hacia él, pero cuando faltaba menos de un metro noto la pelirroja que también estaba allí, frente al él y la muy tonta sonreía con cara de estúpida cada vez que él decía algo. Alicia que no supo muy bien qué hacer sintió que algo se rompía dentro de ella y se echó a correr y entró a un baño antes de sentir el sabor salado de sus lágrimas en sus labios y entonces con la certeza de que lo que se había roto era su corazón, alcanzó a susurrar para sí misma «...al menos ahora sé a qué sabe el mar...»

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