domingo, 29 de noviembre de 2015

Mala suerte

La siguiente historia está basada algo que realmente me ocurrió, es algo más larga de las que suelo escribir, pero espero la disfruten igual.

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El día que conocimos a Marta no tuvo nada de peculiar, es más, ella tampoco tenía ese atractivo que poseen ciertas personas cuando las ves por primera vez. Se podría decir incluso que hubiera pasado desapercibida por el mundo de no haberse cumplido la regla social esa, que si a uno le caes bien, generalmente a los otros también, sobre todo cuando estas de rumba. La verdad es que entró a formar parte de nuestras vidas más por una soledad compartida que por otras cosas en común. Marta nos contó que estaba haciendo su año rural en las afueras de Medellín, que hace un mes había llegado y que la única persona que conocía era la anfitriona de la fiesta, la cual había conocido años antes. También nos contó que solía sentirse sola y que en su tiempo libre no tenía mucho que hacer, así que la invitamos a pasar más tiempo con nuestro grupo de amigos y la comenzamos a incluir en cada una de las cosas que planeábamos, en menos de un mes Marta era una más de nosotros y siempre estaba incluida en todo.

La verdad es que pese a esa primera impresión donde pasaba desapercibida, con el tiempo Marta comenzó a parecer alguien muy interesante, aún hoy en día me pregunto si todas esas cosas formaban parte de ella o por el contrario simplemente lo hacía por tratar de encajar. El hecho es que si le decías que te gustaba leer te decía que ella también lo disfrutaba y comenzaba a hablarte sobre una cantidad de títulos y autores que te hacían entrar en una especie de hechizo, lo mismo ocurría con otras cosas como cocinar, salir de rumba, biología o qué se yo, hasta de matemáticas debió hablar en alguna ocasión, se podría decir que tenía temas para todos los gustos y sabores.

Marta era una buena amiga, eso no lo puedo negar, al menos tenía la cualidad de saber escuchar y a veces te contaba buenas historias que te daban ánimo, sin embargo luego de un par de meses ocurrió algo que me comenzó a molestar, era esa voz que a veces escuchas y te dice que no todo va bien, y bueno, no todo iba bien. La voz comenzó a acecharme cuando llego la temporada de su mala suerte.
Todo comenzó con un salario que no le pagaban, al principio parecía normal, y es que un médico en un país como este, donde la salud es un negocio, muchas veces trabaja más por pasión que por otras cosas, así que un atraso en un pago no parecía gran cosa, sin embargo al mes siguiente sucedió algo terrible. Marta que según nos dijo salió del turno nocturno, fue a retirar el dinero de ese mes y lo que le adeudaban, a un cajero cercano al hospital. Salieron ella y una enfermera con la que trabajaba y al llegar, su amiga retiro primero, pero cuando fue el turno de Marta las abordaron un par de tipos que llegaron en una moto, la amiga de Marta que trató de gritar cayó al suelo a causa de un cachazo en su cabeza y Marta al tratar de defenderla se hizo acreedora de un par de cuchillazos en sus brazos, un batazo arriba de un ojo y un par de golpes más en las costillas, las dos cayeron inconscientes hasta que alguien pasó y las encontró para llevarlas de nuevo a su lugar de trabajo, esta vez en calidad de pacientes.

Nosotros la vimos solo hasta el fin de semana y nos aterramos e indignamos al ver su cara hinchada y el par de cortadas que lucía en sus brazos, sin embargo y para amenizar la situación comenzamos a bromear con ella, yo le dije que seguro era un novio escondido que la había cascado y otra amiga le dijo que debería mandarse a hacer un baño de hierbas con cualquiera de esas brujas que inundan la ciudad, todos reíamos, pero Marta muy preocupada nos dijo que la verdad era que ella tenía muy mala suerte, que la acechaban incesantemente y que a veces incluso creía que se trataba de un ladrón propio.

Las cosas se quedaron así, pero ese primer atraco fue solo el primer suceso de muchos que vendrían después como una cascada, personas acechando afuera de su casa, un computador comprado y perdido, un celular robado y hasta un billete de 50 que un taxista le rompió, eso sin contar que tuvo que cambiar de hospital para realizar su rural y de casa porque se sentía insegura.

La verdad es que la pobre si tenía una suerte de perros, tanto, que si hubiera sido yo de verdad hubiera pensado en los baños esos, pero por el contrario todos esos sucesos solo me hicieron tener una voz que cada que hablaba con ella o la veía me decía que algo no iba bien, y es que para ser honesta una pregunta comenzó a parecer un loop en mi cabeza ¿realmente podía alguien tener tan mala suerte? Sobre todo, porque los sucesos parecían repetirse y para ser más exactos, parecían hacerse más relevantes cuando se acercaba la fecha de pago, así que fue a partir de allí que comenzaron mis sospechas, aunque si lo pienso más estoy segura que venían de antes.

Realmente se me volvió un estado constante desconfiar de ella, y sobre todo comencé a analizar detenidamente la situación y los detalles que la rodeaban, y es que los detalles como lo dicen en una película por ahí son lo que finalmente nos determinan, había algo que me molestaba de sobremanera y era el tiempo; Marta tenía demasiado tiempo libre, aun trabajando como nos decía que trabajaba, la verdad es que el tiempo le sobraba, no importaba el día que la llamaras, ni la hora, siempre tenía tiempo, recuerdo incluso una ocasión en que había una fiesta en mi Universidad y nos dijo que bueno, que tenía que trabajar pero que le daba tiempo de llegar, efectivamente llegó, con su pijama de trabajo, pero llegó; el problema real era que yo había trabajado en hospitales y conocía los horarios y su funcionamiento y por más cuentas que hacía los de Marta parecían imposibles para cualquier médico recién graduado, es más, serían imposibles para cualquiera que trabajara; así que comencé a hacerle planes a cualquier hora

-           Oye Marta, el martes a las 10 am. Hay una muestra de libros ¿quieres ir?
-          Bueno, es que tengo una reunión y creo que no puedo
-          ¿Y no puedes aplazarla?
-          Bueno, vale, lo intentaré

El martes a las 10 Marta estaba ahí, igual ocurría con cualquiera de mis amigos a cualquier hora y en cualquier día, el trabajo siempre parecía poderse postergar. Así que un día que había salido con una amiga me decidí a decírselo:
-          
Hay algo que tengo que decirte, pero me hace sentir mal, porque quizá solo sean especulaciones mías
-          ¿Es de Marta cierto?

En aquel momento supe que no era la única, ambas habíamos tenido el mismo sentimiento, pero nos hacía sentir mal sospechar; sin embargo aquella tarde comenzaron nuestras teorías conspirativas, si así podían llamarse, mi teoría era que Marta en realidad nunca se había graduado y todo era una simple mímica, pero esto parecía demasiado para ser cierto ¿o no? Mi amiga creía que solo era una mentirosa compulsiva y que cuando la habían echado del primer hospital no consiguió rural pero no quería irse, así que se quedó a punta de mentiras, como fuera comenzamos a alejarnos de ella y en algún punto yo sentí real temor de haberla dejado entrar en mi casa, así que ese martes cuando me llamó en la tarde y me dijo que me tenía un regalo saque cualquier excusa y le dije que no podía salir, insistió y me dijo que iba a mi casa, pero le saqué el cuerpo diciéndole que realmente tenía demasiadas cosas que hacer; lo mismo ocurrió con mi amiga, no quiso quedar con ella y le sacó el cuerpo como pudo; ambas nos sentimos mal el domingo cuando alguien llamó a mi amiga a decirle que Marta había desaparecido y que sospechaban que se había suicidado. El mal trago que ambas sentimos fue indescriptible, por un instante sentí que había dejado apagar una vida y que a pesar de que hubiera podido cambiar la situación, no lo había hecho, Luisa me contó que Marta había desaparecido desde el sábado, había enviado un mensaje a su madre pidiéndole que la perdonara y diciéndole que todo había sido una mentira, nadie sabía que era una mentira, no estaba claro, Luisa y yo no dormimos aquella noche, nos sentíamos tan mal que no sabíamos que hacer, ni dónde buscarla.

El lunes a primera hora llamé a Luisa, quien me contó que yo siempre había estado en lo cierto, Marta se había retirado en 9no semestre de la Universidad, pero había continuado con su vida como si nada, había engañado a todos, a sus padres a quienes les había sacado cada peso a punta de hacerles creer que era para su carrera, a su hermano que siempre había sospechado de ella, a sus amigos a quienes incluso cuando la visitaban les había hecho la mímica de madrugar a trabajar y a nosotras, quienes la habíamos acogido para que se sintiera menos sola y a quienes nos había hecho creer en un atraco ficticio y muchas otras cosas más; Marta era una estafadora de lo peor, sin embargo bajo las circunstancias y su posible suicidio todo el mundo había olvidado esto y solo esperaban que estuviera bien. Apareció una semana después, sus padres aliviados agradecieron que estaba viva y el resto del mundo la odió, ella sabía que su familia preferiría tenerla viva y que el dolor de haber sido estafados durante casi tres años desaparecía al sentir ese descanso que promulgaba que ella estaba bien, la pobre chica de la mala suerte había sabido cómo poner la suerte a su favor.


Tiempo después me enteré que sus padres habían decidido pagarle de nuevo su carrera, que su papá estaba pagando las cuentas que había dejado pendientes en Medellín y que un par de amigas seguían siendo sus amigas, me pregunto si siempre lo supieron, como sea, hice la suposición de que la pobre de Marta al fin y al cabo si se había hecho los baños esos de hierbas, su mala suerte finalmente había acabado.

1 comentarios:

La vie en primera persona. dijo...

Me da gusto lo de tu examiga y que bien que sus amigas decidieron ayudarla y entenderla, quiza eso es lo que marta necesitaba, platicar porque se comportaba como mitómana y abandono sus estudios. te aconsejo que si puedes la escuches.

lindo día y feliz año :)

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