domingo, 25 de octubre de 2015

Descanso

Una noche cualquiera Susana despertó en medio de la madrugada sintiendo un terror absoluto hacía la oscuridad, no sabía de donde había llegado, ni porqué, pero tenía la extraña sensación de que allí en medio de esa nada, algo la estaba acechando y esperaba el momento oportuno para dañarla. Encendió la luz y pudo constatar que no había nada ni nadie y que solo se trataba de un terror algo infantil hacía algo que ni siquiera lograba determinar que era.

La escena se repitió noche tras noche, hasta el punto donde Susana no lograba conciliar el sueño porque sentía un terror profundo a dormir. Al comienzo creyó que se trataba de estrés y le comento a Cristina lo que le estaba ocurriendo, su amiga estuvo de acuerdo en que los últimos meses habían sido pesados, así que le aconsejo tomarse un par de días o semanas y ver que ocurría. Susana le hizo caso he inmediatamente fue a la oficina de su jefe para pedir el permiso; mientras tanto, más tarde Cristina despertaba en medio de la noche, con un miedo absurdo e incontrolable a la oscuridad, sentía que algo la acechaba y esperaba el momento oportuno para atacar, sin embargo acudiendo al llamado de la lógica, Cristina se lo atribuyó a la conversación de la tarde con su amiga. La escena se repitió noche tras noche y Cristina se lo contó a alguien más.

Semanas después las noticias anunciaban lo que se conoció como la pandemia del terror. Casi 3/4 de la población mundial habían desarrollado un miedo irracional a la oscuridad y a dormir, no se tenía tratamiento, ya que a pesar de los calmantes o de los medicamentos psiquiátricos aplicables en el caso, las personas seguían despertando en medio de la noche aterrorizadas por algo que las acechaba. las personas trataban de estar despiertas todo el tiempo posible, nadie se sentía seguro en las noches, las luces de las casas permanecían encendidas y el gasto energético de la población en general aumento. Sin embargo, lo peor estaba por venir.

No descansar lo suficiente hizo que las personas se agotaran más de lo normal, que su capacidad para relacionarse con los demás disminuyera y que desarrollaran una desconfianza extrema de su alrededor, todos esperaban que el mundo explotara como una bomba de efecto domino, donde la primera ficha dependería tan solo de alguien que decidiera dañar a otro.


Todos comenzaron a tener un miedo irracional por el mundo vivo, se apartaron en sus casas y aún allí trataban de alejarse de los otros. Tenían miedo de sus familiares, vecinos, hermanos, todos se sentían acechados y creían tener la certeza de que en cualquier momento otro los atacaría sin saber como, cuando o porqué. 

Al poco tiempo todos tenían tanto miedo de la humanidad que ya no diferenciaban entre estar dormidos o despiertos el miedo parecía igual de irracional en el día como en la noche. De noche los fantasmas, de día la humanidad. Estar despierto era un tortura constante, estar dormido era despertar aún peor, no había salida, no habían medicamentos, no había solución.

Mientras tanto Susana quien había sido la primera en padecerlo, encontraba al fin la paz que durante tantos meses se le había negado. Susana sentía como con cada gota que brotaba de sus venas la parca se acercaba y la dejaba dormir tranquilamente para siempre y en paz.

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