Isabel y sus castillos

by - domingo, noviembre 28, 2010

Dicen que no hace mucho tiempo y en un lugar no muy lejano existió una mujer, porque para ese entonces ya no existían las princesas, la mujer se llamaba Isabel, tenía el cabello negro y olía a manzanas, y su piel era casi parecida a las porcelanas, sus labios eran rosas y daban la impresión de ser dulces; cuenta la historia que Isabel cuando era adolescente comenzó a conocer Hombres y comenzó a sentir la necesidad de besar con sus labios dulces, y abrazar con sus brazos color porcelana y mirar con sus ojos de un intenso marrón, y luego de besar se percato que los hombres comenzaban a hacerse importantes para ella, que luego de un tiempo parecía que su corazón latía al ritmo del andar de ellos, pero no todo era perfecto, de alguna manera los hombres comenzaron a cometer torpezas, a decir mentiras, a actuar de formas ilógicas y Isabel comenzó a sentir estas cosas como piedras, así que para no cargar con ellas comenzó a enterrarlas.

Después de un tiempo y muchas personas Isabel se percato que había delimitado un circulo con las piedras que le había tirado, y que ya no tenía donde enterrarlas, entonces comenzó a ponerlas unas sobre otras, y comenzaron a construirse muros a su alrededor.

Isabel noto que con los muros ya no muchos cruzaban su perímetro, que eran menos y que los q lograban cruzar ya no hacían tanto daño, pero aun así siempre traían piedras para lanzarle, así que los muros fueron creciendo cada vez más y más, al final solo quedaban ventanas, ventanas por donde observaba el mundo y su transcurso, donde veía los hombres pasar y algunos le pedían quitar piedras y construir una puerta, pero Isabel había comenzado a tener miedo, sentía que los muros de su perímetro la protegían, y que si salía y los derrumbaba iba a ser igual que al comienzo, tendría que enterrar piedras o cargarlas, y no era eso lo que deseaba.

Pero un día llego un hombre y Isabel decidió confiar y de alguna manera libero piedras, las boto lejos y le construyo una puerta, el entro y se quedo con ella, pero una mañana Isabel despertó y no lo vio allí, se había ido y había dejado la puerta abierta como si le permitiese a cualquiera entrar, Isabel lo vio a través de la ventana y le pregunto qué había pasado, el no supo que responder, no supo como decirle que ella parecía más hermosa a través de la ventana que dentro de la torre, así que Isabel lloro desconsolada y trato de tirar los muros para que las personas la vieran como era en realidad, y los tiro, quedo desnuda ante el viento, sintió el viento en su cara y sonrío; sonrío tanto que le dolía la panza y se sintió renovada, entonces comenzó a construir un jardín, y un día mientras lo construía se acerco alguien y se sentó con ella a hablar, y ella sintió una extraña confianza y se sintió bien, pero un día se dio cuenta que dudaba de cualquier palabra, que los muros se habían instalado dentro de ella, y aunque deseara confiar sentía ganas de meterse a su torre, pero ya no existía, así que miro su jardín y sonrío con ese alguien, pero comenzó a adentrarse paso a paso en el bosque, comenzó a huir antes de que le lanzaran una nueva piedra, porque ya no deseaba llorar, ni construir torres, ni ventanas ni puertas, y aunque había descubierto que también podía construir jardines, dentro de ella existía un castillo, que al más mínimo detalle parecía construirse una torre más.

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1 comentarios

  1. Me dejó muda, con los ojos aguados. ¡Usted escribe muy bonito!

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Hola, espero leer tu opinión, para mi es sumamente agradable saber que pasaste por acá.