sábado, 16 de octubre de 2010

La ciudad de la Eterna Primavera

con este cuento participe en un concurso en http://www.elgrifo.co/sitio/ (sin exito) jajaja, las palabras subrayadas debían ser incluidas en la historia.

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John había escuchado hablar de ¨la ciudad de la eterna primavera¨ muchas veces, había escuchado cosas buenas y también había escuchado cosas no muy buenas; aún así había algo en esta ciudad que ejercía un atractivo sobrenatural sobre él, era definitivo que antes de morir ese sería uno de los lugares por recorrer.


Al comienzo fue gracioso haber conocido a Mónica por Internet. “La paisita¨, como todos le decían, era una mujer agradable. Al comienzo fueron charlas tontas y después una gran amistad les sobrevino; luego de un año estaba subido en un Avión rumbo a la ciudad de Medellín en busca de ¨la paisita¨. Mónica lo iba a esperar en el aeropuerto José María Córdoba y luego lo llevaría en su carro hasta el hotel. La idea era que ella sería algo así como su guía turística además de su amiga, claro, lo cual seguro incluiría sonrisas y momentos inolvidables.


Curiosamente por la época se celebraban varios eventos en la ciudad, entre los que estaban las Pasarelas de Colombiamoda y la Feria de las Flores. Una de las cosas que creía interesantes era el Metro y su Metrocable, seguro que sería bien bonito. Además era el mes de los vientos, y seguro entre Mónica y él alguna Cometa tendrían que elevar. Era algo que siempre le había gustado hacer, y el estar en otro país no lo haría desistir de su tradición.


Bajo del avión con la emoción de llegar a nuevas tierras, paso por los papeleos y luego, al salir, la vio; allí estaba Mónica esperándolo con su nombre escrito en una hoja. “Ja, ja, ja, qué gracioso¨, pensó. Ella corrió a abrazarlo y lo primero que le dijo fue ¨bienvenido¨. Ambos sonrieron, cruzaron un par de palabras y comenzaron el recorrido hacia el auto. Mónica no pudo evitar comentarle: ¨Bueno, mi auto se dañó; lo lamento pero sólo pude conseguir el de mi abuela. Mínimo nunca en la vida has visto uno de estos¨.


John hizo un gesto entre curioso y gracioso y prosiguieron el camino. Al llegar al auto él no pudo evitar soltar una carcajada: ¨Ja, ja, ja. ¿Y eso funciona?¨. A lo que ella respondió que “sí, mi abuela se niega a cambiar de auto, dice que le recuerda su época de joven. Pero bueno, míralo como algo nuevo, como todo acá¨. El auto, un Renault 4 azul, parecía sacado de un museo antiguo. Aún así, a John no le molestaba, finalmente había venido a divertirse y parecía que todo formaba parte de la diversión.


Comenzaron a conducir hacia la ciudad y mientras tanto el paisaje cada vez parecía más alentador. Luego de un rato entraron a la ciudad en sí y comenzó a ver lugares. Mónica le indicaba cada lugar y le contaba qué significaba. Su hotel quedaba en Laureles, según le había dicho ella, cerca de su casa. Uno de los lugares que vio en el recorrido fue la Plaza de toros la Macarena, lo recordaba por el comentario de ella: ¨bueno esta es la plaza de toros, pero vos sabés que por lo menos yo no estoy de acuerdo con la violencia, no me parece justo, creo que sólo he venido en dos ocasiones y en ambas fue a conciertos. Espero nunca en mi vida presenciar una corrida de toros¨.


Lo que le parecía curioso a John era lo personal y cercano del trato de Mónica. Le hablaba como si hubiesen sido amigos toda la vida y esta calidez le agradaba realmente.


Mónica lo llevo al Hotel y le dijo que descansara. Al día siguiente la idea era ir al Centro y pasar por varios lugares, como la Plaza Botero y el Museo de Antioquia. Jhon era fanático del artista y le parecía ilógico pasar por aquella ciudad sin ver sus obras, al menos una Escultura de Botero debía tocar, sentir y admirar.


Efectivamente, al día siguiente el teléfono sonó temprano, era Mónica avisándole que ya pasaba a recogerlo. Ella llegó una hora después. Decidieron ir en Metro, puesto que el Museo y el Parque quedaban cerca de una estación. Al subir al Metro John no pudo evitar notar lo pulcro y bien cuidado que estaba. Eso le agradaba, además el viaje fue cómodo. Luego anunciaron la llegada a la estación Parque Berrío, allí bajaron. Era un lugar bastante transitado. ¨Bueno este es el Centro, es algo caótico, pero como dice mi papá: tiene un no sé qué, no sé dónde¨, contó ella.


Caminaron y entraron al Museo de Antioquia. Había cuadros realmente hermosos; en sí mismo el lugar era hermoso. Según le dijo Mónica, había sido remodelado recientemente. Luego fueron a dar una vuelta por la Plaza Botero y se tomaron fotos al lado de varias esculturas. Mientras estaban allí, Mónica recibió una llamada a su celular. Él sólo escuchó ¨Ok nena, ya vamos. Nos recoges en la Torre de Argos en más o menos 20 minutos¨. Luego de colgar le contó que “una amiga consiguió boletas para Colombiamoda, seguro te va a gustar, nos recoge cerca de acá, vamos¨.


Caminaron varias cuadras. Realmente era un lugar caótico, pero había algo en el sitio que lo hacía gracioso; de alguna manera dulce. Juliana, la amiga de Mónica, los recogió frente a un edificio lleno de espejos: la Torre de Argos. Luego emprendieron camino hacia Colombiamoda. Mónica seguía mostrándole lugares de la ciudad, diciéndole qué significado tenían para las personas de allí. Le mostró un edificio al cual llamaban Inteligente y luego llegaron a la Plaza Mayor, lugar del evento.


Juliana era estudiante de diseño de modas y tenía su primera pasarela aquella noche; ellos estarían tras bastidores y luego se sentarían en las primeras filas del evento. Para John que nunca había pertenecido a este mundo, todo le parecía algo singular. Era gracioso estar tras los bastidores, rodeado de modelos hermosas y maniquíes que en ocasiones parecían mejor vestidos que él mismo.


A John lo invadió un pensamiento: “esta ciudad es bipolar¨ y sonrío. En realidad no lo pensaba como algo malo; más bien le parecía algo bueno. Los lugares parecían cambiar de color en cada esquina, el aire parecía oler diferente a cada instante y todo el mundo se mezclaba. Era una ciudad cambiante y, en definitiva, de todos. Parecía un lugar mágico y, en realidad, lo era.


La pasarela fue magnífica. Luego decidieron ir a celebrar, pasaron por el Parque del Poblado, por el Lleras y así poco a poco iban saltando de lugar en lugar; de la misma manera prosiguieron los días. Siempre había algo para hacer, un lugar nuevo que ver, una sonrisa nueva para dar, una sonrisa nueva que obtener. Sin darse cuenta pasó un mes, estaba a tan solo dos días de que él se fuera. La noche antes del viaje subió al Pueblito Paisa con Juliana y Mónica. Habían decidido elevar globos de papel. ¨Finalmente, alguno debería llegar al cielo¨, se decían entre sí mientras trataban de no dejarse invadir por la nostalgia.


John ¿y ahora qué piensas de Medellín?”, preguntó Mónica. Después de pensarlo por un instante, respondió: “Pues pienso que es la Ciudad de la eterna Primavera, supongo que al comienzo creía que tenía que ver con el clima, pero ahora lo veo más como si fuera un vivero. Tus pupilas se dilatan para creerse algo tan bello, tu corazón palpita y tu alma respira. Medellín es como sentirte por un instante en el lugar adecuado”.


John sonrío mientras el globo alzaba el vuelo para perderse en el infinito.

3 comentarios:

Gabriel Cruz dijo...

Es una muy bonita historia Campanula, muy amena y digerible, bastante llena de detalles los cuales haz narrado con una magia que permite que la imaginación complete el cuadro, podría decir que tiene ese encanto y esa nostalgia de las historias europeas, donde la trama se basa en detalles mundanos y no en eventos fantásticos (como con los americanos). Me gustó mucho y me encantó el final, te deja extrañando gratamente a los personajes :)

Lunitesco dijo...

Yo veo con nuevos ojos a Medellín :)

Anónimo dijo...

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