viernes, 30 de septiembre de 2016

El caldero de las ideas 69 días - 55 historias

Las ideas caldeaban como una infusión a punto de ebullición. Las  más prometedoras se convertían en grandes burbujas que explotaban y tocaban todo a su alrededor, había otras que parecían bastante prometedoras y sin embargo terminaban escondiéndose y convirtiéndose en nada más que parte de aquel caldo. 

Con el hechizo que le había enseñado su madre había aprendido a tomar las ideas de aquella infusión de pensamientos, y convertirlas en pequeñas y brillantes esferas de algo parecido a humo para guardarlas en la vitrina de ideas y utilizarlas en cuanto las necesitara; aun así su madre siempre le había advertido que aquel hechizo tenía graves consecuencias, aunque no le dijo cuales ni porqué. Pero aquella mañana en cuanto se propuso guardar las esferas recién generadas noto que algunas de las más viejas habían perdido su esplendor. En un principio supuso que solo era polvo, así que las tomo con la idea de sacudirlas; sin embargo en ese mismo instante se deshicieron en sus manos dejándolas vacías y con la sensación de haber perdido algo demasiado importante e irrecuperable y con el porqué de lo peligroso del hechizo, acababa de comprender que todo aquello que no se cuida ni se usa tiende a desaparecer, hasta las más geniales de las ideas. 

jueves, 29 de septiembre de 2016

Fuego 69 días - 56 historias

El rumor, que se había extendido rápidamente en el reino de las hadas, hablaba sobre como una pequeña Salamandra se había extinto al caer por error en las aguas de algún lago. Sin embargo entre las líneas de aquellas palabras, no se contaba que la pequeña Salamandra acostumbraba ir cada noche al lago a observar desde la orilla los seres que vivían debajo de aquel lago, y tampoco contaban como poco a poco comenzó a sentir que su fueguito (del que estaba hecha) ardía cada vez con mayor intensidad cuando veía uno de ellos en particular. Y mucho menos dijeron los rumores que la pobre en un instante de ardor intenso, creyó poder sobrevivir al agua con tal de por un instante tocarlo y que a cada centímetro que recorría hacia el fondo del lago su cuerpo de fuego se extinguía pero algo dentro de ella ardía con la intensidad del sol.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Sonrisa 69 días - 57 historias


Leyó en el periódico, desde su escritorio de trabajo, que una empresa obligaba a sus empleados a sonreír basándose en la idea de que a la larga estos terminarían amando sus puestos de trabajo. Entonces dibujó una gran sonrisa en su rostro y continuó con su trabajo.

martes, 27 de septiembre de 2016

Sabor a mar II 69 días- 58 historias

Para Alicia que tenía 6 años y nunca había ido al mar, fue gracioso cuando un día alguien le dijo que el mar sabía cómo las lágrimas, a partir de aquel momento siempre que lloraba pensaba en el mar e incluso llegó a imaginarse guardar sus lágrimas para hacer un mar, aunque su iniciativa no alcanzó a llegar muy lejos cuando se enteró que este no era un invento del hombre.


Así, pensando en lágrimas y mar pasó el tiempo hasta que un día Alicia conoció su primer amor; Andrés, el chico nuevo del salón parecía bastante divertido y ella soñó con compartir su lonchera con él, sin embargo a la hora del descanso cuando Alicia le propuso compartir sus onces, él le dijo que no quería ser amigo de ella si no de Juanita y a la pobre Alicia se le rompió el corazón, tanto que tomó la determinación de no salir al patio y tomar sus onces mientras lloraba sola en el salón. No había tomado mucho tiempo desde que Alicia decidiera esto, cuando entro su profesora y le preguntó qué le sucedía, y la pobre Alicia entre suspiros, onces y lágrimas le respondió «Profesora, es que el amor sabe a mar»

lunes, 26 de septiembre de 2016

Sabor a mar I 69 días - 59 historias

Alicia una romántica declarada a sus 12 años, nunca había ido al mar, su madre una modesta profesora no había tenido la posibilidad de llevarla nunca de viaje; sin embargo a cambio de los viajes físicos le había enseñado a amar la lectura y la había embarcado en mil aventuras más, quizás de allí viniera lo romántico de su alma. Fue en los libros que Alicia aprendió que el mar sabía a lágrimas, que era azul como la tristeza, y que su mayor sueño era conocerlo. Sin embargo este sueño pasó a segundo plano la primera vez que vio a Andrés, el chico nuevo del colegio, el cual tenía unos ojos tan verdes como las esmeraldas y un pelo tan negro como el carbón, lo que llevó a que lo apodaran el gato. 

 Alicia comenzó a soñar con el gato y cómo sería estar con él en el mar y en medio de sus fantasías planeaba primero la manera como lo conquistaría; quizás lo más fácil sería decirle que también era nueva y que se hallaba perdida y así luego de que él la ayudara ella le estaría agradecida y podrían seguir hablando; sin embargo, era un mal plan, ya que el resto del colegio sabía que no era nueva y por lo tanto quedaría como una mentirosa. Poco a poco diseño planes y planes pero los desecho todos llegando a la conclusión de que la única forma correcta de hacerlo sería plantarle cara y decirle simplemente «...hola, mi nombre es Alicia...» el resto se lo ingenieria después. 

El día siguiente corazón palpitando partió hacia el colegio dispuesta a ver al gato y presentarse con él. Contó cada paso desde su casa al colegio y descubrió que habían sido más pasos que lo habitual, al final logró llegar y lo vio. Su estómago quiso devolver el desayuno pero pudo contenerse y sus manos trataron de sudar pero lo atribuyó a la carrera y comenzó a avanzar hacia él, pero cuando faltaba menos de un metro noto la pelirroja que también estaba allí, frente al él y la muy tonta sonreía con cara de estúpida cada vez que él decía algo. Alicia que no supo muy bien qué hacer sintió que algo se rompía dentro de ella y se echó a correr y entró a un baño antes de sentir el sabor salado de sus lágrimas en sus labios y entonces con la certeza de que lo que se había roto era su corazón, alcanzó a susurrar para sí misma «...al menos ahora sé a qué sabe el mar...»

viernes, 23 de septiembre de 2016

Aire 69 días - 60 historias

Cada noche sale a su balcón, necesita aire, y allí en el piso 19 bloque A el viento parece una bocanada de menta fresca. Cierra sus ojos, siente como el viento agita su cabello, no hay nadie, solo ella, todos parecen dormir, enciende un cigarrillo mientras vuelve a sentir el viento en su rostro y entonces llega él; enciende la luz del estudio, se quita la chaqueta, luego su camisa y se sienta en su escritorio a dibujar, no la ve pero ella lo observa mientras piensa en llegar por detrás, tapar sus ojos y besar sus labios, piensa en la sonrisa que vendrá después y sonríe mientras lo imagina, está a punto de tocarlo, de tener su aroma, cuando una voz la detiene —…Regresa a la cama —dice — y entonces ella está allí de regreso en el piso 19 bloque A, ha salido, ¡ha volado! Del 19 bloque C, bota el cigarrillo, borra su sonrisa y con tedio camina hacía la habitación. Mientras tanto en el piso 19 del bloque C un hombre se siente menos solo por un instante, quizás solo sea el dibujo que tiene frente a él, lo observa; es una bella mujer mirando por un balcón.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Beso de medianoche 69 días - 61 historias

Cada noche exacta a la media noche, la princesa regresa al lago con la esperanza de que esta vez el sapo si se convierta en príncipe, cada noche exacto a la media noche el Sapo siempre quiere morir, no entiende porque una fea y sucia princesa tiene que besarlo.